Publicidad:
Terra
La Coctelera

Madrugada

bajo mi piel

los pensamientos hieden

a crudeza embriagada,

sobre todo

en esta impalpable noche.

luego de esto

me tumbo

sobre su reflejo de almíbar

y enciendo un cigarrillo

negro o tormentoso

y aprisiono toda su amargura

en una sola pitada,

ahora solo me queda

la sensación

que sobre sus llantos,

se lleva consigo

lo más púrpura de mi ser

y al destapar la última cerveza

en el encuentro sosegado y nocturno

se pone quieto este pobre corazón

Claro

en esta madrugada…

no existen anillos ni poemas

que nos hagan reflexionar

sobre purezas indomables;

tengo centímetros de carne

flexionados hacia tu sangre

pero…

¿quién se atreve a sobrellevar aquel áspero suspiro?

al servir la copa llena de alcohol,

en una noche fugitiva

(hay cierta pureza)

para embriagarnos. Aunque es muy de mañana

lo siento…

nunca fui bueno para

los finales felices.

El Adios

Aún tenía el cuchillo afilado en mis manos, aunque trataba de contenerme, sentía aquel ruido en mi cabeza; solo quería partirlo en mil pedazos, arrancarle el corazón del pecho y sentir su perversa vida extinguirse en mis manos. Temblaba y agonizaba -¡Dios mío!, ¿cuándo vas a morir?- me detuve por un instante al soltar el arma, sintiéndome tan agitado como nunca, me levante y observe mis manos llenas de sangre, lo que me infundo demasiado temor y traté de recostarme en algún muro de la esquina de la habitación, apartándome del cuerpo sangrante, mientras Manuel sacudía de su vida sus últimos llantos y ruegos. Atine a mirarlo fijamente a los ojos mientras le parlaba algunas frases de aliento. –Hermano ya es hora de enfrentarse a la crueldad del final, te facilitaré muchas cosas entre ellas el de irte con dignidad, con la sofocación de tu aliento abriéndose paso entre el camino de los muertos, pues todo esto no ha sido muy cómodo para mí, aunque no lo creas tengo sentimientos; no soy el crudo criminal que todos piensan que soy, tú lo sabes perfectamente tengo mis debilidades. En fin te haré el favor de retirarte de este mundo con la promesa que el sufrimiento agotará tu desconsuelo.

Al observar con mucha atención el rostro hinchado de mi buen amigo, encendí un cigarrillo, inhale y exhale el humo infernal y llene toda la habitación de el, al levantarme de mi postura caminé hacía él colérico, lo cogí con mucha fuerza del cuello y lo estaba asfixiando, pero la idea original no era de asesinarlo al instante, por que todo debía de ser perfecto al igual que en mis pesadillas.

El thriller perfecto, en todo caso como poder extinguir su vida sin sentir ese maldito remordimiento en mi pecho; - Cristo tienes que comprenderme-, gritaba mirando directamente aquel recuadro santo colgado en su habitación; -debo eliminar tu creación, tanto así como sus suplicas y su fe, tal como tú arrastraste mi destino hacia la blasfemia-; aún así continuo sujetándolo del cuello, lo arrastro por el suelo hacia la sucia esquina de donde observaba sus suplicas -¡ya no más por favor!- imploraba sollozando, a lo que le respondí, -tranquilo no hagas ruido, déjame contemplar mi sueño en tu sangre-; Manuel calló y dejó caer sus lágrimas. - Sabes viejo- le dije,-deseo confesarte algo, aunque es de seguro que nos veamos en el infierno, desearía reconstruir nuestros destinos y revivir muchas cosas que quedaron quebradas en su momento, los sueños elegidos para los dos, los días bajo la lluvia, los cigarrillos mezclados con odio, los amores de siempre. Tú sabes; me duele mucho-. Volví a tomar el inmundo cuchillo y se lo encaje en el corazón lentamente, dejé que feneciera en mis brazos y así quedamos muertos los dos.